Cultura23 de agosto de 202612 min

Salir con alguien de otro país latino en Miami: lo que en realidad los separa

Todo el mundo tiene una teoría sobre las venezolanas, los cubanos o los argentinos. Casi ninguna sirve. Lo que de verdad marca la diferencia es cuándo llegó su familia.

Por The Plus Editorial Team

Una mujer con vestido verde jugando al croquet en un césped de verano

En Miami vas a salir con alguien de otro país. Es casi inevitable: aquí conviven la comunidad cubana más grande de Estados Unidos, la venezolana más grande, y comunidades colombiana, argentina, peruana, nicaragüense, dominicana y brasileña enormes, en una ciudad donde alrededor de dos tercios de la población es hispana.

Y en algún momento alguien te va a explicar cómo son "las venezolanas" o "los argentinos". Busca el tema en internet y vas a encontrar exactamente eso: videos virales de alguien contando cómo es salir con una argentina, hilos de Quora, y páginas bastante turbias sobre "cómo son las cubanas con los extranjeros".

Casi nada de eso sirve, por dos razones. La primera es que son estereotipos. La segunda, más interesante, es que está escrito sobre salir con alguien en Bogotá o en Buenos Aires — no sobre lo que pasa en Miami, que es otra cosa.

La variable que explica más que la nacionalidad

Después de un tiempo aquí notas un patrón que casi nadie nombra: dos personas de países distintos que llegaron en la misma década se entienden mejor entre sí que dos personas del mismo país separadas por dos generaciones.

Un cubano cuya familia llegó en los sesenta y una venezolana que llegó en 2019 comparten idioma y poco más. Él creció aquí, en un barrio cubano, con abuelos que hablaban de un país que él no conoció. Ella se acuerda perfectamente de su casa en Caracas y hace un mes habló con su mamá que sigue allá.

En cambio, esa misma venezolana y un colombiano que llegó en 2017 tienen casi todo en común: el mismo duelo, la misma familia partida en tres países, el mismo trámite pendiente, la misma sensación de estar construyendo desde cero a los treinta y cinco.

Cuando algo no encaja con alguien aquí, la pregunta útil casi nunca es "¿de dónde es?". Es "¿cuándo llegó su familia, y por qué?".

Los tres grupos que de verdad existen en Miami

Los de aquí

Nacidos o criados en Miami. Muchos cubanos de segunda y tercera generación, cada vez más colombianos y nicaragüenses también.

El español lo hablan en casa y a veces mejor que el inglés, pero piensan en inglés para casi todo lo laboral. La cultura de citas que tienen es estadounidense: salir con varias personas a la vez es normal, la exclusividad se conversa explícitamente, y la familia se conoce tarde.

Aquí está el malentendido más común de la ciudad. Alguien recién llegado sale con un cubano-americano de Coral Gables, ve que la familia es cubana y las comidas son cubanas, y asume que el guion también lo es. No lo es. Si vienes de fuera y sales con alguien criado aquí, aplica lo que explicamos en la cultura de citas en Estados Unidos, aunque en la casa se cocine ropa vieja.

Los que llegaron de niños

Llegaron con seis, doce, quince años. Son bilingües de verdad y cambian de código sin darse cuenta.

Suelen tener el guion estadounidense para las citas y el latinoamericano para la familia: salen con varias personas sin problema, pero la mamá tiene opinión y la opinión pesa. Es el grupo más flexible y con el que menos fricción suele haber en las dos direcciones.

Los que llegaron de adultos

El grupo que más creció en Miami en los últimos quince años, sobre todo venezolano, colombiano y argentino.

Traen el guion de su país completo y a menudo también el duelo de haberlo dejado. La exclusividad se asume antes, la familia entra antes, y hay una urgencia distinta: mucha gente que llegó de adulta siente que perdió años y no quiere perder más en algo que no va a ningún lado.

Esa urgencia es fácil de malinterpretar. No es intensidad ni desesperación. Es que reconstruir una vida entera a los treinta y cinco cambia el cálculo de cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en algo incierto.

Las diferencias que sí son reales

Con la advertencia obvia de que son tendencias, no personas.

El ritmo de la familia. Es la diferencia más práctica. En hogares venezolanos, colombianos y dominicanos, conocer a la familia suele pasar pronto y sin ceremonia. En hogares argentinos y uruguayos suele ser más tarde y más deliberado. Y en familias cubanas de Miami depende brutalmente de la generación.

El saludo. Un beso en la mejilla en casi todo el Caribe y en Argentina; dos en algunos contextos; la mano o un abrazo más contenido en partes de Colombia y del interior de México. Suena a nada y es la primera microtensión de casi todas las primeras citas mixtas.

El volumen y la interrupción. En cultura caribeña y argentina, interrumpir suele ser señal de que estás enganchado en la conversación. En cultura andina y en buena parte de la mexicana, esperar a que el otro termine es señal de respeto. Dos personas educadas pueden salir de la misma cena convencidas, una, de que la otra fue grosera, y la otra, de que la primera no tenía nada que decir.

Qué significa "ahorita". Media hora en Venezuela y Colombia, un rato indefinido en México, y en Argentina directamente no se usa. Es una broma hasta que alguien lleva cuarenta minutos esperando en un restaurante.

La puntualidad. Menos rígida que en la cultura estadounidense en casi todos los casos, pero no igual entre sí. Y en Miami hay una capa encima: media hora de retraso puede ser cultural o puede ser la I-95. Suele ser la I-95.

La política. Esta merece su párrafo aparte, más abajo.

El tema del que hay que hablar

Miami es probablemente la única ciudad de Estados Unidos donde la política de otros países es una conversación de primera cita, y donde puede terminar una relación antes de que empiece.

La razón es que para muchísima gente aquí no es política abstracta: es la razón por la que están aquí. Cubanos que salieron en el sesenta y en el ochenta y en los noventa, venezolanos que se fueron después de 2015, nicaragüenses después de 2018, argentinos después de cada crisis. Cada comunidad tiene una herida distinta y no siempre son compatibles entre sí.

Dos cosas que ayudan de verdad.

La primera: no supongas la postura de alguien por su nacionalidad. Es el error más común de la ciudad y produce cenas incómodas todas las noches.

La segunda: cuando alguien te cuenta por qué se fue de su país, no es una posición política que estés obligado a debatir. Es una historia personal. Puedes escucharla sin firmar nada. Mucha gente aquí no busca que estés de acuerdo: busca que no minimices.

Lo que en realidad hace que funcione

Después de todo lo anterior, la parte simple.

Pregunta en vez de suponer. "¿En tu casa cómo era esto?" resuelve más que cualquier lista de rasgos nacionales. Y a casi todo el mundo aquí le gusta que le pregunten, porque casi nadie lo hace.

Di lo tuyo también. "En mi familia se hace así, no es que sea solemne" evita la mitad de los malentendidos, sobre todo con el tema de la familia y los tiempos.

Acepta que la comida es identidad. Que alguien te lleve a comer lo de su país no es una cena: es enseñarte de dónde viene. Vale la pena tratarlo así.

El idioma común no garantiza el código común. Es la trampa de Miami: como los dos hablan español, ambos asumen que se entienden. Con alguien que habla otro idioma preguntas todo; con alguien que habla el tuyo, das cosas por hecho. Ahí es donde se acumulan los malentendidos.

Y una ventaja que casi nadie menciona

Salir con alguien de otro país latino en Miami tiene algo que no tiene salir con alguien de tu mismo país: la conversación no se acaba.

Explicarle a alguien tus expresiones, tus fiestas, tu comida y por qué tu abuela hacía las cosas así es genuinamente entretenido durante años. Y en una ciudad donde casi todo el mundo dejó algo atrás, encontrar a alguien que quiere entender de dónde vienes vale más de lo que parece.

Para seguir

Si acabas de llegar, la cultura de citas en Estados Unidos es la capa anterior a esta. Para conocer gente, dónde conocer gente en Miami, y para la ciudad en general, la guía honesta de citas en Miami.

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Preguntas frecuentes

¿Qué diferencias hay entre salir con un venezolano, un cubano o un argentino en Miami?

Menos de las que dicen los estereotipos, y casi siempre menos que la diferencia entre alguien criado en Miami y alguien que llegó de adulto. Las tendencias reales están en el ritmo con que entra la familia, el saludo, el estilo de conversación y qué significa "ahorita". La pregunta útil no es de qué país es, sino cuándo llegó su familia y por qué.

¿Los cubanos de Miami tienen la misma cultura de citas que los cubanos de Cuba?

En general no, si nacieron o se criaron aquí. Un cubano-americano de segunda o tercera generación suele tener el guion estadounidense: salir con varias personas es normal, la exclusividad se conversa explícitamente y la familia se conoce tarde. Que la casa sea cubana no significa que el guion lo sea, y ese es el malentendido más común de la ciudad.

¿Se debe hablar de política en una primera cita en Miami?

Es difícil evitarlo, porque para mucha gente aquí no es política abstracta sino la razón por la que están en esta ciudad. Lo que ayuda es no suponer la postura de alguien por su nacionalidad, y entender que cuando alguien cuenta por qué se fue de su país te está contando una historia personal, no abriendo un debate.

¿Por qué la gente que llegó de adulta parece tener más prisa?

Porque reconstruir una vida entera a los treinta y cinco cambia el cálculo de cuánto tiempo estás dispuesto a invertir en algo incierto. No es intensidad ni desesperación: es que ya se perdieron años y no se quieren perder más.

¿Hablar el mismo idioma facilita la relación?

Ayuda y también engaña. Con alguien que habla otro idioma preguntas todo; con alguien que habla el tuyo, das cosas por hecho. En Miami buena parte de los malentendidos entre latinos vienen justo de ahí: idioma común no es lo mismo que código común.

¿Cuándo se conoce a la familia según el país?

Como tendencia: pronto y sin ceremonia en hogares venezolanos, colombianos y dominicanos; más tarde y más deliberado en argentinos y uruguayos; y en familias cubanas de Miami depende sobre todo de la generación. Lo más seguro es preguntar cómo era en su casa en vez de suponer.

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